Nómades Digitlaes ¿Dolor de Cabeza Legal y Fiscal para RR.HH.?

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Para muchas colaboradores sigue siendo complicado trabajar en una empresa con sede en un país y vivir en otro. Los impuestos laborales, las prestaciones y la seguridad social constituyen quebraderos de cabeza para las empresas que envían trabajadores al extranjero o contratan mano de obra en otros países, según Expansión.

El surf es la pasión de Leonie Eidt. Todos los años, esta terapeuta alemana dedica tres meses a atrapar olas en climas más soleados, principalmente en Portugal. Cuando perdió su empleo como trabajadora social, al principio de la pandemia, Eidt decidió dar el paso y convertirse en una “nómada digital”.

Su primera parada fue Costa Rica, una de las idílicas naciones que ofrecen visados de larga duración para trabajadores extranjeros a distancia. Otros países, como Croacia, Emiratos Árabes Unidos y Mauricio han anunciado programas similares.

Para muchas personas sigue siendo complicado trabajar en una empresa con sede en un país y vivir en otro. Tras el experimento mundial forzoso de trabajo a distancia impuesto por la pandemia cabe preguntarse si deben los gobiernos y las empresas replantearse ahora cómo facilitar el trabajo transfronterizo.

Las dificultades entrañan peligros

Las empresas multinacionales no tienen problema: si una empresa cuenta ya con una oficina en otro país, puede transferir a ella al empleado en cuestión, con un contrato local. Las dificultades surgen cuando las empresas no tienen presencia permanente en otra jurisdicción, con lo que quedan expuestas a ciertas obligaciones, como los impuestos y la legislación y prestaciones laborales.

“El teletrabajo parece tan sencillo que, sin saberlo, puedes estar induciendo a tu empresa a comerte un delito grave”, explica Don Dowling, abogado de un bufete laboralista. La mano de obra que trabaja desde el extranjero puede crear nuevas obligaciones impositivas, puesto que, a fin de cuentas, se beneficia del agua corriente, de los servicios de recogida de basuras y de infinidad de servicios públicos más.

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La regla de los 183 días establece el umbral que se suele utilizar para determinar si una persona debe ser considerada o no residente a efectos impositivos. Si el empleador se encuentra en el extranjero, y los costes no son imputados a un establecimiento permanente que esté en el país de acogida, normalmente el trabajador puede evitar tributar durante esos seis meses.

Durante la pandemia, los gobiernos relajaron temporalmente algunas de estas normas, dada la paralización casi total de los viajes internacionales, y la compleja situación en las que se encontraban los trabajadores atrapados en algún lugar.

Desde el punto de vista de los empleados, muchos países tienen ya acuerdos bilaterales que evitan, por ejemplo, que un trabajador extranjero pague dos veces impuestos por los mismos ingresos o que permiten al trabajador seguir contribuyendo al sistema de seguridad social de su país desde el país de acogida. Sin embargo, estos tratados pueden dar lugar a problemas.

Por ejemplo, Estados Unidos tiene más de 50 tratados contra la duplicación impositiva, pero sólo 30 de seguridad social, con lo que es posible que, en algunos países, los trabajadores estadounidenses no tengan que pagar impuestos por los mismos ingresos dos veces, pero sí estén obligados a contribuir a la seguridad social.

Escasez de talento

Sin embargo, ahora que, en el mundo desarrollado, se están endureciendo las restricciones a la inmigración la escasez de talento en las empresas se está agravando.

Según análisis de datos del Instituto Cato -laboratorio de ideas de tendencia liberal-, la inmigración hacia Estados Unidos ha descendido abruptamente desde 2017, hasta el punto de que 2020 ha sido el quinto peor año del que se tiene constancia desde 1820.

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Algunas empresas, sin embargo, esperan sacar partido de la situación: es el caso de la start-up de recursos humanos Remote, que intenta hacer la vida más fácil en el actual mercado en expansión. Esta empresa fue fundada en 2019 por Job van der Voort y Marcelo Lebre como empleador registrado (EOR) para las empresas que desean contratar trabajadores en el extranjero. La EOR construye por todo el mundo una red que absorbe las responsabilidades salariales y demás obligaciones del empleador internacional., con lo que, en términos prácticos, Remote es el empleador en el segundo país.

Aunque estas empresas pueden proporcionar soluciones efectivas de personal, no todos los países reconocen la relación entre las partes. En concreto, Remote reconoce que, en algunos países, resulta más complicado operar que en otros, y publica una guía sobre las jurisdicciones que acogen EOR.

Entre los usuarios de Remote se encuentran GitLab, Loom y Cargo.One, compañías pioneras y muy avanzadas en trabajo a distancia. La política de trabajo remoto de Loom permite a sus empleados trabajar en el extranjero, siempre que se comprometan a hacer coincidir dos o tres horas de su jornada laboral con la de Estados Unidos. En este momento, el 13% de la fuerza laboral de la empresa reside en otros países.

Por su parte, Cargo.One ha intentado ampliar su negocio de transportes online, contratando equipos en países que se encuentren a tres horas de Berlín.

“El acceso al más elevado talento nos proporciona una ventaja competitiva”, explica Moritz Claussen, fundador de Cargo.One. “Y si el mejor gestor vive en Tel Aviv, queremos que esa persona trabaje con nosotros”.

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