Los Jóvenes Desafían la forma de Hacer en las Organizaciones

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Y LO HACEN A PROPÓSITO!

Por Esteban Morin, Gerente General de Cia de Talentos Latam

―Me importa poco la facturación de tu empresa, o cuántos empleados tiene ―se despacha Marina en la entrevista― Me imagino que si están contratando más gente, mal no les va. Lo que a mí me interesa saber es qué están haciendo para dejar un mundo mejor, cuál es su plan de sustentabilidad y cómo están disminuyendo su huella de carbono.

Entrevistador pálido y balbuceante, candidata esperando respuesta. Cae telón: fin de la escena.

Como Marina, cientos de jóvenes hoy eligen las empresas a las que postular o los proyectos en los que participar, a partir de compartir valores, de alinearse con propósito y de identificarse a un nivel emocional con los equipos de trabajo y su jefe. Esto no es nuevo, pero hoy es mucho más evidente.

En la encuesta que llevamos a cabo en Paraguay en 2016, con más de 3.500 jóvenes estudiantes y graduados universitarios, se comprueba esta tendencia en estadísticas duras: mientras el 46% prefiere un tipo de trabajo relacionado con emprender, sólo el 36% escoge un trabajo en relación de dependencia. Incluso en un país con una baja tasa de ocupación juvenil, se reitera la tendencia que vemos en Brasil, Argentina, Colombia y México: muchos prefieren dedicarse a su propio proyecto antes que pertenecer a una compañía y, los que sí eligen una empresa para desarrollar su carrera, son mucho más exigentes a la hora de poner condiciones.

―¿Que por qué ustedes deberían tomarme a mí? Mejor te devuelvo la pregunta ―retruca Juan―: explicame por qué yo debería trabajar con ustedes.

Entrevistador rojo de vergüenza ―y también de ira― aprieta los puños y se cierra el telón del segundo acto.

Citando a Alvin Toffler (que a su vez cita a Herbert Gerjuoy), si no logramos “aprender, desaprender y reaprender”, nos volveremos analfabetos en el siglo XXI.

Un contexto cambiante, una economía colaborativa y una conciencia profunda de la responsabilidad social de las empresas nos invitan a aprender nuevas formas de gestionar las organizaciones y de vincularnos con clientes, consumidores y nuestros propios colaboradores (antes empleados).

Debemos desaprender el modelo de las empresas en la posición de poder. Hoy la relación es de paridad para con las personas: así como pedimos de ellos, debemos ofrecer y estar dispuestos a ser exigidos. En este sentido, es fundamental comprender que los jóvenes esperan tener experiencias de vida que los enriquezcan profesional y personalmente; quieren desarrollarse, alcanzar posiciones de liderazgo y tener intercambios internacionales. Ya no hay foco en la meta ni el largo plazo, lo que importa es el camino.

Asimismo, es importante reaprender que el trabajo es parte fundamental de la vida. Hay que volver a hacer consciente la decisión de cuánto tiempo y energía vital  invertimos en esto. La mirada de los jóvenes hacia el mundo laboral es una invitación a reflexionar sobre cómo nuestros valores se relacionan con lo que hacemos en el trabajo y en cuánto nuestro día a día puede ser una forma de realización de nuestras ambiciones más profundas, tales como construir un mejor futuro para el país, dejar un legado o cambiar el mundo.

El trabajo muestra lo que somos y lo que aspiramos ser. Muchas veces, trabajamos como quien no quiere la cosa, como si el presente fuera algo que nos ha tocado y no lo hubiésemos elegido. El cuestionamiento que los jóvenes traen hacia las organizaciones ―hacia las personas que preexistimos en las organizaciones― nos devuelve una pregunta incómoda: ¿Cómo conectamos con esto que estamos haciendo para hacerlo realmente “a propósito”?

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