¿Hacia dónde va el Sistema Jubilatorio Argentino?

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Crisis global de los sistemas de pensiones

Por Ana María Weisz, Directora de Wealth de Mercer

Estamos ante una crisis global de los sistemas de pensiones. El rápido envejecimiento de la población, la disminución de las tasas de natalidad y la falta de sistemas de retiro sólidos con incentivos impositivos, llevará a numerosos países a enfrentar dificultades para otorgar jubilaciones adecuadas o más aún, a entrar en crisis por la falta de financiamiento.

Hacia el año 2040, en Sudáfrica habrá un jubilado por cada 7 personas en edad de trabajar; y en Argentina la proyección es de 3,7. Claro si en Argentina calculásemos los aportantes y no los adultos en edad de trabajar, HOY ese cálculo es 2 aportantes por cada jubilado.

¿Cómo hará el sistema de reparto para financiar cada vez más pasivos con menos activos?

En la edición 2016 del Índice Global de Pensiones Melbourne Mercer que mide la eficiencia de los sistemas de pensiones públicos y privados de 27 países, y que por primera vez incluye a Argentina, nuestro país está en el último lugar.

Lo que el estudio de Mercer mide es lo que todos deberíamos tener en cuenta para comprender qué esperar del Estado, y qué encarar por nuestra cuenta o con ayuda de algunos “sponsors” (Colegios Profesionales; Cámaras Empresarias, empleadores).

1) En un sistema de reparto como el nuestro es importante atender la deuda pública, que puede afectar la sustentabilidad del sistema; es decir, la posibilidad de pagar los beneficios.

2) Cuando cobramos nuestra jubilación o pensión en Argentina, estamos siendo financiados por los aportantes activos, por lo cual es importante observar la tasa de desempleo, en especial en el segmento de jóvenes. ¿Cómo alimentaríamos un sistema de reparto si el desempleo subiera?

3) Otro aspecto fundamental es la evasión previsional, el trabajo no registrado, o parcialmente registrado: quien se encuentre en alguna de estas condiciones se verá perjudicado en lo individual, pero estará perjudicando también al conjunto, ya que las contribuciones de los empleadores cubren a jubilados del presente.

4) Un sistema de reparto que necesita activos para financiar pasivos en un mundo donde las tasas de nacimiento y las tasas de fallecimiento bajan (nacen menos bebés y muere menos gente) enfrenta un grave problema: tendremos menos activos para financiar la creciente cantidad de pasivos.

5) Muchas veces se recomienda que las edades de jubilación se vayan postergando gradualmente. Las personas hoy a los 65 años se sienten muy capaces de seguir generando ingresos y consideran que las normas de seguridad social no se han ajustado a los nuevos índices demográficos. Si corriésemos la edad de retiro y continuáramos en actividad, habrá que atender el problema del desempleo porque los adultos mayores estarán ocupando lugares de trabajo.

6)  Las jubilaciones mínimas también necesitan una mejora. Incrementarla afecta las arcas del Estado y no es sencillo. Es posible generar ahorros que permitan financiar el incremento.

Depender exclusivamente del Estado para financiar la larga sobrevida con la decencia con que esperamos transcurrirla no es posible. Por eso son necesarios otros sistemas de ahorro.

La verdad es que lo que no proveamos nosotros en términos de ahorros suficientes para nuestro futuro durante la (larga) vejez, nadie lo proveerá, salvo (tal vez) nuestros hijos o parientes más cercanos.  Es fundamental sponsorear  la educación previsional a empleados y empleadores y no esperar a la edad de retiro: Los errores de hoy se pagarán irreversiblemente en el futuro. Educación, previsión y esfuerzo: la única fórmula.

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