Actualmente, alrededor del 44% de los empleados del trabajan a distancia o en modalidad híbrida, por lo que se ha convertido en una opción habitual.
Y eso está cambiando la dinámica de los lugares de trabajo. No solo en términos de escritorios vacíos, sino también en cuanto a la participación y las relaciones de los empleados, ya que muchos de los procesos habituales se basan en la suposición de que las personas trabajarán en el mismo lugar y al mismo tiempo.
Así pues, si bien el trabajo híbrido se ha convertido en una opción muy práctica para ofrecer flexibilidad —y funciona—, también está dando lugar a nuevos espacios y desconexiones con consecuencias que aún no se comprenden del todo.
La desconexión se manifiesta de diversas maneras. La más evidente es la disminución de las oportunidades para encuentros informales, esas charlas en la cocina y los encuentros casuales en el pasillo que ayudan a mantener el contacto, a forjar relaciones, a compartir conocimientos e información que de otro modo permanecerían aislados, y a sentir que forman parte de un equipo con un propósito claro. Se puede perder la honestidad y la profundidad de la comunicación cara a cara.
Existen numerosas opciones de canales digitales para la comunicación y la colaboración instantáneas, pero no pueden ocultar las deficiencias. No todos utilizan las mismas aplicaciones ni de la misma manera. La naturaleza de los medios digitales, la visibilidad y el rastro digital que generan, hacen que las personas sean cautelosas con lo que dicen. Es posible que mantengan una imagen oficial y limiten sus comentarios a lo aceptable, en lugar de ser ellas mismas o expresar sus inquietudes. Esta situación no es favorable para la resolución de problemas, el cuestionamiento de normas, la innovación o la detección de dificultades en los empleados. ¿Adónde van a parar las dudas, las inquietudes y las incertidumbres de los empleados?

El departamento de Recursos Humanos puede compensar esta situación. Pueden asegurarse de que se aproveche mejor el tiempo que los trabajadores híbridos pasan en la oficina, reservando tiempo para reuniones, eventos y actividades de equipo. Pueden analizar qué herramientas digitales se utilizan y cómo, qué funciona mejor para fomentar la combinación de interacciones formales y personales, y qué permitirá que se escuche la voz de los empleados. Quizás la capacitación ayude a las personas a sacar más provecho de las tecnologías disponibles.
También es necesario considerar hasta qué punto los trabajadores remotos e híbridos pueden abordar temas más delicados en el trabajo. ¿Es más probable que repriman sus problemas porque iniciar conversaciones se ha vuelto más complicado y menos natural? Debe haber mecanismos claros y bien establecidos para facilitar conversaciones confidenciales, ya sea asegurándose de que los supervisores las fomenten, reservando tiempo para reuniones presenciales o promoviendo el uso de servicios de mediación temprana para resolver quejas.
Sin embargo, todos los canales de comunicación abiertos resultan irrelevantes sin el fundamento esencial de la seguridad psicológica. Cuando los empleados y sus superiores comparten la sensación de poder expresarse libremente, asumir riesgos si es necesario y sentirse cómodos siendo ellos mismos en el trabajo, cualquier tipo de interacción será mucho más sencilla, ya sea digital o presencial. Un indicador como el Índice de Seguridad Psicológica es una herramienta útil para evaluar el estado de las relaciones y las actitudes, junto con la Evaluación Neutral entre equipos (donde cada miembro del equipo tiene la oportunidad de hablar sobre sus experiencias personales con confianza, lo que da lugar a un informe de un experto independiente sobre los problemas y las soluciones para avanzar).
Las organizaciones necesitan estar equipadas con habilidades actualizadas para afrontar el nuevo entorno donde el modelo híbrido es la norma. Nuestra experiencia nos ha demostrado la importancia de fomentar una base sólida de habilidades de Integridad Conversacional (IC) en el lugar de trabajo, la conciencia del papel de las buenas conversaciones en las relaciones, cómo la calidad de las conversaciones modifica la dinámica y la enorme influencia que tienen en los resultados de las situaciones. Las habilidades esenciales para la IC incluyen la «conciencia situacional», la «curiosidad», la «escucha reflexiva», la «empatía» y la «autoconciencia».

