Lecciones del Basquet para Organizaciones

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Cuando el trabajo en equipo le gana al ego. La selección de basquet argentina capitaneada por Luis Scola mostró que un liderazgo positivo es fundamental para el manejo de diferentes personalidades.

El abrazo entre Manu Ginóbili y Luis Scola cuando la Argentina vence a Francia por su pasaje a la final del Mundial de básquet en China seguramente pasará a la historia por el cariño, la emoción y el legado que significan estos dos representantes de la llamada Generación Dorada, hacedores de la gran realidad de la selección argentina de básquet en la actualidad. ¿Qué permitió a este equipo ser uno de alta performance? ¿Qué pueden aprender los equipos directivos y las organizaciones de la selección nacional? Y finalmente, ¿Qué determina la alta performance en los equipos en el largo plazo? Analizamos tres parejas de características que deben estar balanceadas para lograr el mejor equipo de alto desempeño.

1 Talento y esfuerzo

En una entrevista con Luis Novaresio, Luis Scola, el capitán del seleccionado nacional comentó respecto a este tema: “Vos tenés que ganar con talento, vos tenés que ganar con entrenamiento, vos tenés que ganar con esfuerzo. No podés ganar con viveza. […] Esta cultura [argentina] de la viveza, esta cultura de la media trampa, de los huevos, de ganarlo con la camiseta y demás es un ancla para nosotros como deportistas”

“Hay una especie de frase hecha en inglés que dice que el trabajo mata al talento cuando el talento no trabaja, y me gusta esa frase, es un poco drástica obviamente. El talento es todo. Podés pulirlo, tener mucha muñeca, pero si no está el diamante da igual. No es lo mismo que una piedra normal. [Pero] si tenés talento y no trabajás es un problema”.

Las reflexiones de Scola sobre la relación entre talento y esfuerzo son fundamentales en un equipo directivo de alta performance. En 1990, el psicólogo sueco Anders Ericsson, trabajó en la Academia de Música de Berlín. Dividieron a los estudiantes en tres grupos acorde al potencial que tenían: los que demostraban ser estrellas de nivel mundial, los que eran buenos y los que llegarían a ser profesores de música pero no tocarían profesionalmente. Lo que los científicos observaron es que la elite había tenido una práctica de alrededor de 10.000 horas. En contraste, los buenos estudiantes habían llegado a 7800 horas y aquellos que serían maestros de música 4600 horas. La idea de que la excelencia en desempeñar una tarea compleja requiere un mínimo nivel de práctica y esfuerzo pareciera crítico para lograr ser un experto o un especialista. El equipo nacional de básquetbol es un equipo de gente definitivamente talentosa (el diamante del que habla Scola), que ha generado una expertise y conocimientos únicos en su especialidad, que practica de forma constante y permanente. ¿La fórmula para convertirse en un equipo de alta performance? Talentos + práctica deliberada + conocimiento profundo = equipo experto y de alta performance.

2 Liderazgo e identidad organizacional

“Uno de los grandes secretos del éxito de la selección en los últimos 20 años fue los pocos cambios de entrenadores que tuvo. Todos esos entrenadores (…) han formado parte de los cuerpos técnicos de Argentina. Yo puedo ser la cabeza visible o Julio (Lamas), Rubén (Magnano) lo fueron en su momento. Todos esos entrenadores tienen la misma incidencia en el proceso que puedo tener yo. Si hoy yo dejara la selección, uno de mis asistentes sería el entrenador. No hay que ir a buscar afuera.” Esta es una reflexión de Sergio Santos Hernández, el entrenador de la selección nacional.

La continuidad de la estrategia marcada desde la Generación Dorada en adelante se ve plasmada en una continuidad en el liderazgo que comparte los mismos valores a través del tiempo. Esa es la clave de muchas organizaciones y equipos que logran mantener la buena performance y trascender.

La fuerte identidad de un equipo está representada por los valores centrales que comparte. Al apoyarse en los valores compartidos, éstos funcionan como un ancla que mantiene al equipo unido y alineado.

Y cuando un equipo logra tener una identidad fuerte y un liderazgo constante, podrán cambiar las estrategias, procesos o productos, pero se mantiene la mirada compartida del futuro, clave para la consolidación y permanencia del equipo.

Sin embargo, para que esto funcione, el líder no solo debe cuidar los valores del equipo para que perduren a lo largo del tiempo, sino que su liderazgo se debe adaptar al tipo de talento que maneja. Para Ken Blanchard, las personas talentosas con experiencia y expertas, trabajan de forma autónoma y pueden aportar un valor agregado a través de la creatividad que poseen. Ese equipo de talentosos es difícil de conducir producto de las capacidades que tienen y que ellos saben que tienen. Por eso el líder en estos niveles funciona más que como un controlador y supervisor como un coach. Es que en un equipo de alta performance, es el equipo más que el líder la fuente de valor futuro. Desde esta perspectiva liderar desde el medio, no de arriba facilita la generación de un alto desempeño.

Oro en basquet de los JJ.OO. 2014

3 Equipo y egos

“Lo más destacado que tiene esta selección argentina que diputó el Mundial en China es la química de equipo” comentaba recientemente Fabricio Oberto, campeón olímpico y miembro de la llamada Generación Dorada.

¿Pero puede un equipo crearse a partir de egos fuertes? Según Scola eso es posible, aunque no es tarea sencilla. “El ego es necesario” asevera Scola “A la hora de querer competir con los mejores, es imposible que vos vayas a competir con ellos pensando que sos peor que ellos. No tenés ninguna chance de ganar. Los mejores están convencidos de que son los mejores mucho antes de serlo y siguen convencidos después”.

Manejar un equipo de personalidades fuertes y con gran ego es difícil. Pero el trabajo en equipo es posible ya que el ego muchas veces es usado como motor para impulsar al grupo a sus objetivos.

La incomodidad que provoca ese conjunto de egos permite lograr resultados increíbles. Según Scola, cuando jugaba en la selección de la llamada Generación Dorada, el ego estaba muy presente, pero el equipo también: “Tuvimos nuestros momentos. Porque el ego es el ego. Si metés muchos egos juntos dentro de una misma habitación van a pasar cosas, y esas cosas tienen que pasar. (…) Para llegar a ese lugar (ser el mejor) es difícil. Y solamente llega poca gente. Para hacer cosas que nadie hizo, uno tiene que hacer cosas que nadie pueda hacer”.

Eso se logra con ego, colaboración y armado de un equipo que valore el talento organizacional más que el individual, entendiendo por talento organizacional aquella gestión que vincula el talento con la vida organizacional de la persona. Trata al talento como una capacidad organizacional y lo desarrolla como una ventaja competitiva, haciéndolo algo poco frecuente, valioso y difícil de imitar.

La Argentina no ganó mundial. Perdió la final frente a un equipo español fuerte y con experiencia de campeón. Al terminar el partido, el entrenador Hernández, fue claro respecto al espíritu aguerrido del equipo argentino: “No perdimos la medalla de oro, ganamos la de plata”.

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