Yusen Logistics presentó a las protagonistas de Drive Change y, junto con el CONICET y el Instituto Gino Germani, compartieron un informe sobre los obstáculos y desafíos para inclusión laboral de conductoras.
El transporte de cargas cumple un papel clave en la distribución de bienes y se trata de un sector con una participación femenina marginal en tareas de conducción y logística. Esto se refleja en la proporción de mujeres con licencia profesional para operar vehículos de gran porte: por cada 100 personas habilitadas para conducir cambiones en el país, solo una es mujer.
Candela Hernández, investigadora del CONICET, y Maite Velasco, investigadora del Instituto Gino Germani de la FSOC, UBA, presentaron los resultados de una investigación exploratoria sobre los obstáculos y facilitadores en la inclusión laboral de mujeres como conductoras de transporte de cargas por automotor. El trabajo se realizó a partir de 20 entrevistas realizadas en modalidad online a mujeres conductoras con licencia profesional. La mitad de ellas participó en programas de formación diseñados específicamente para la profesionalización de las mujeres.
Paralelamente, y con el soporte teórica de la investigación realizada, Anahí Perharic, HR & Sustainability Manager de Yusen Logistics, presentó el programa Drive Change, que tiene como objetivo impulsar la formación profesional de mujeres en el transporte de carga pesada. La academia funciona como un puente de capacitación: la compañía selecciona a egresadas del programa “Conductoras” de Scania Argentina y les ofrece su primera experiencia profesional en escenarios reales. Las participantes se entrenan en rutas hacia terminales portuarias y depósitos, aprendiendo sobre seguridad, normativa y tecnología bajo estándares internacionales.

Estos son algunos de los resultados de la investigación:
– Interés: las mujeres cuentan con un abanico más reducido de opciones laborales que los varones. Los imaginarios sociales sobre lo que ueden hacer mujeres y varones condicionan la proyección hacia determinadas ocupaciones. En especial, la conducción en el transporte de cargas continúa ligada a representaciones masculinas que atribuyen a los varones mayor fuerza física y destreza operativa. Pero hay dos mecanismos que contribuyen a ampliar el interés de las mujeres por este sector de actividad: la influencia familiar (cuando hay padres, hermanos o pareja que son conductores) y los programas de formación (que actúan como motor del interés y habilitan a proyectarse laboralmente en el sector).
– Acceso: hay cuatro mecanismos que sostienen la exclusión de las trabajadoras, que son el trato con los compañeros, la evaluación diferencial, la sexualización, y la sobrecarga de tareas de cuidado. El compañerismo convive con actitudes de sobreprotección, aislamiento y maltrato. Que las habilidades sigan asociadas a la fuerza física construye un sistema de evaluación que es perjudicial para las mujeres. Además, el supuesto riesgo de sufrir situaciones de acoso justifica la reducción de oportunidades para las conductoras. Por último, las mujeres con responsabilidades de cuidado suelen autoexcluirse del sector o interrumpen su trayectoria laboral. Por otro lado, hay tres mecanismos que contribuyen a la inclusión laboral de las mujeres. Son las redes familiares que, cuando incluyen varones que trabajan en el sector, facilitan el ingreso. Los estereotipos de género que asocian a las mujeres con más responsabilidad, cuidado y atención funcionan en algunos casos como argumentos favorables para su contratación. Los programas de formación dan visibilidad pública a las mujeres que buscan insertarse en esta industria.
– Permanencia: hay mecanismos que obstaculizan la permanencia y otros que son facilitadores. Los obstáculos son la discriminación directa, por ejemplo, el argumento explícito de que no se toman mujeres; el requisito de experiencia, que es muy difícil de sortear si no son contratados; la sobreobservación de tareas; la violencia sexual y la falta de infraestructura. Los mecanismos facilitadores son: las redes entre conductoras, grupos virtuales de intercambio entre mujeres del sector; la reorganización familiar, es decir, la redistribución de tareas de cuidado y los gestos de consideración por parte de las empresas; el beneficio de los ingresos más altos que los de sectores laborales feminizados.
En definitiva, las mujeres conductoras del transporte de cargas por automotor aún experimentan obstáculos que se reajustan a lo largo de sus trayectorias ocupacionales. De todos modos, la investigación muestra que asistimos a un proceso de cambio orientado a la inclusión donde la cooperación entre el sector público y privado tiene un rol fundamental.

