¿Microchips para Empleados?

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Puede dar accesos, conexión, compartir y hasta realizar compras según una reciente nota publicada en The New York Times.

Ya no es algo muy nuevo escuchar o leer sobre la posibilidad de incrustar microchips en alguna parte del cuerpo de las personas con el fin de contar con un procesador que podría estar en la mano y desde allí dirigir cosas. De hecho ya lo veníamos contando en anteriores artículos.

Pero esta vez además le hacemos llegar una reflexión de un referente como Shelly Palmer, CEO en The Palmer Group, quien comentó en su cuenta de Twitter sobre el artículo en cuestión, sumando la experiencia de una empresa de software de máquinas expendedoras de Wisconsin llamada «Three Square Market», quien empezó a ofrecer a sus empleados la oportunidad de inyectar microchips en sus manos con aparente intención de facilitar todo, ya que podrán abrir puertas de la oficina, conectarse a computadoras, compartir tarjetas de negocios e incluso comprar aperitivos.

Palmer agrega, que quienes accedieron de forma voluntaria, se inyectan con chips RFID pasivos o identificación por radiofrecuencia, que se activan cuando están en la proximidad de ondas de radiofrecuencia (RF) generadas por un lector.

Es así que una vez que el chip está «despierto», dice, el lector tiene acceso a la información incrustada en el chip, cuyo rango efectivo de la mayoría de los lectores RFID es de unos pocos milímetros a unos pocos metros, pero se aclara que puede variar drásticamente dependiendo de la potencia del sistema que se utiliza para leer los chips.

Por lo mencionado, alega que un microchip es una opción muy conveniente para las empresas que necesitan de ambientes seguros o donde se deba utilizar tarjetas de llave para navegar entre las oficinas y los pasillos, además de que también se puede identificarlo como un usuario autorizado de varios tipos de hardware y software.

Es por lo que dice que el chip implantado se puede utilizar para desbloquear la puerta de la casa, encender las luces, desbloquear e iniciar el coche, entre otros, y sólo será necesario añadir un montón de interfaces compatibles con RFID.

En caso de que los usuarios del chip deban dejar la empresa, el mismo puede seguir siendo utilizado por otra compañía a través del cifrado de RFID, y solo se tendrá actuar con procedimientos similares a invalidar una tarjeta de clave o revocar credenciales de registro.

Aclara igualmente que estos chips RFID no son GPS, por tanto no pueden ser utilizados para rastrear a las personas o en este caso a los empleados a no ser que se encuentren próximo a un lector.

Sobre el método de inserción del chip bajo la piel, comenta que es fácil, por no ser un procedimiento quirúrgico y que lo puede realizar alguna persona entrenada, comparando la situación como una perforación de orejas en una joyería.

Una vez implantado, dice que se puede ver y sentir el contorno bajo la piel y que el lugar más común se encuentra en la parte superior de la mano, entre el pulgar y el dedo índice, que al parecer quitarlo también es fácil, pero no quiso afirmar si será indoloro ya que nunca lo tuvo.

En cuanto a más ventajas, los defensores de la tecnología alegan su conveniencia porque ya no será necesario por ejemplo recordar contraseñas, porque técnicamente así lo puede ser.

Dudas

No se evitar pensar en las posibles complicaciones, y el autor señala situaciones como; ¿Tendrá el gobierno una lista de RFID de todos? ¿Qué pasará si el código implantado es robado? ¿Puedes ser hackeado? ¿Es este el primer paso hacia alguna teoría de conspiración?

A lo que responde que es poco probable que un número cifrado de RFID sea hackeado al azar, ya que el usuario tendría que ser apuntado y a pesar de ello el cifrado ofrecería protección y añade que en la práctica, un chip RFID implantado o en la cartera, probablemente será más seguro que un teléfono inteligente.

Por último, resume en la hipótesis de si realmente creará una ventaja competitiva, de si los seres humanos formarán parte de un conjunto de datos colectivos o parte de una inteligencia colectiva, o una red de sensores que informaría a los dispositivos inteligentes o computadoras implantadas, con el fin de ayudar en la toma  de decisiones o tomar acciones, concluye.

Comunidad RH
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